Homosexuality remains taboo among older adults

Published: May 23, 2011

Los adultos de más de 60 años tienen más problemas que los jóvenes a la hora de manifestar su orientación sexual. El prejuicio que cae sobre ellos es que la vejez no es vista como una etapa para el sexo.
 
Los adultos mayores homosexuales tienen más inconvenientes que los jóvenes para expresar su orientación debido no sólo a la homofobia que aún persiste sino a un prejuicio que cae exclusivamente sobre ellos: la vejez no es etapa para el sexo.
 
“Nos cuesta mucho más que a los jóvenes decir que somos gays. No sólo por la homofobia sino porque, además, los viejos somos mutilados a nivel sexual. El sexo se vincula con la juventud y la homosexualidad con la promiscuidad. Son dos factores pesados”, dijo a Télam Norma Castillo, de 69 años.
 
Castillo y Ramona Arévalo fueron las primeras mujeres lesbianas en casarse en Argentina en abril de 2010, incluso antes de la Ley de Matrimonio Igualitario, gracias a un recurso de amparo que habían interpuesto ante la Justicia.
 
“Salimos en todos los medios, ¿cómo no iba a producirse tanto revuelo? Éramos homosexuales, mujeres y encima viejas”, opinó Castillo, quien asumió su orientación sexual a los 35 años. Castillo contó que hasta que pudo “aceptar” su homosexualidad, su vida fue “terrible porque, además de vivir una vida equivocada, era homofóbica”. La mujer es presidenta del centro de jubilados para gays y lesbianas de Puerta Abierta, una organización fundada en 1999 por las psicólogas Graciela Balestra y Silvia Tealdi.
 
“Yo conocía a Graciela y a Silvia, y charlando con ellas les decía: ¿dónde están los viejos homosexuales que no se los ve por ningún lado?”, contó.  Esta misma inquietud fue recibida por las fundadoras de la organización de parte de varias personas mayores de 60 años, hasta que en 2009 decidieron organizar el primer centro de jubilados para la comunidad gay lésbica del país y de América latina. Muchas de las personas que se acercan a este espacio aún no han expresado abiertamente su orientación sexual, por lo que la participación en los grupos de reflexión –de una vez por semana– constituye su única oportunidad de hablar sobre sus sentimientos.
 
“A la gente todavía le cuesta hacerse visible. Piensan qué pasa si vienen acá y las ven, o si alguien se entera. Entonces convocar sigue siendo difícil”, explicó Balestra.
 
Mercedes Sánchez, militante de Derechos Humanos y consultora política de 65 años, llegó a Puerta Abierta a través de un amigo, hace unos tres años.
 
“Estaba pasando por un duelo muy difícil y no tenía contacto con personas de la comunidad LGBT”, recordó Sánchez, quien había convivido con una mujer durante veinte años pero recién un año después de ir al grupo de Puerta Abierta expresó su orientación sexual abiertamente.
 
Mercedes se reconoció homosexual a los 30 años porque “lo que pasaba por aquellos años era que los gays no lo decían, y eso los iba aislando; entonces, con el correr de los años, la soledad se vuelve cada vez más pesada. Por suerte no fue mi caso”.
 
La mujer coincide con Castillo en que es fuerte el prejuicio de que “los viejos no tienen más sexo”, por lo cual, “hablar de sexualidad en alguien que supera los 60 está mal visto. El problema más grave en la vejez es la soledad, porque hay muchos que enviudaron, los hijos no pueden estar todo el tiempo con ellos y en el caso de los gays, muchos no tienen hijos y otros están alejados justamente por este motivo”, consideró.
 
Es así que “tener un espacio, poder salir, tener vida social, amigos, viajar, cambia la vida absolutamente. Además, desde Puerta Abierta trabajamos mucho el tema de los derechos, de la homofobia, de poder aceptarse”, contó Mercedes.
 
La licenciada Valeria Paván, del área de salud de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), coincide en que “el problema de la mayoría de los adultos mayores es la soledad. Hay una imposibilidad de vincularse con otros por una homofobia que aún persiste”.

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