Homophobia kills, and painfully continues to kill …

Published: March 29, 2012

El martes 27 de marzo, el joven chileno Daniel Zamudio murió luego de tres semanas de agonía, y debido a un acto de violencia absurda y extremadamente cruel (fue torturado sádicamente durante cinco horas), simplemente porque era gay,. Usualmente asumimos que nuestras “modernas y civilizadas” capitales latinoamericanas están libres de la barbarie extrema, pero esto nos muestra que no es así. Y su ocurrencia tuvo especial visibilidad internacional por tratarse de un joven de clase media en un país que es paradigma del desarrollo regional, y por la asociación de sus victimarios a un ideario neonazi.

Pero crímenes homofóbicos ocurren todos los días en toda América Latina (incluyendo, por supuesto, el Perú), y por ocurrir en personas más pobres y menos visibles pasan desapercibidos. A pesar del crecimiento económico y la mejora del nivel de vida en la región, se observa una creciente exclusión de grupos humanos, que no se expresa únicamente en los grupos  de personas que viven bajo la línea de pobreza, sino también en una persistente discriminación de ciertos grupos en lo cultural, social y político.

Entre los grupos más excluidos se cuentan las poblaciones sexualmente diversas, incluyendo
las comunidades de lesbianas, gays, transgénero y bisexuales (LGTB). En nuestro país de acuerdo a diferentes Reportes Anuales de Derechos Humanos LGTB, y a la misma Defensoría del Pueblo, recogidos en el Informe Alternativo de Organizaciones de la Sociedad Civil al Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales sobre la Situación de la Salud Sexual y Reproductiva en el Perú (2011) se describe situaciones de violación a los derechos humanos, incluyendo discriminación (en el ámbito de salud, educación, empleo y justicia) y acceso limitado al tratamiento antirretroviral para el VIH, abuso policial, homicidios, extorsión, torturas, y violencia homo/lesbo/transfóbica – física, verbal y psicológica.

A pesar de que la opinión pública y algunos instrumentos y posturas internacionales se van tornando cada vez más favorables (v.g. la publicación de los Principios de Yogyakarta 2006, las manifestaciones de la Comisión de Derechos Humanos y el Secretario General de las Naciones Unidas, así como de la OEA, en los últimos años; la reciente creación de la Unidad para los Derechos de las Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales (2011) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)); persisten actitudes muchas veces soterradas que marginalizan e impiden el ejercicio de los derechos de estas colectividades.

Es momento para un cambio claro de la situación de desprotección de las personas, para un sistema que realmente proteja a sus ciudadanas/os. Todas las personas, y en particular las organizaciones de las comunidades LGTB, las organizaciones que protegen los derechos humanos, los derechos sexuales y reproductivos, y quienes buscan una mayor justicia social, debemos reforzar nuestro compromiso para asegurar el camino hacia una sociedad más inclusiva y respetuosa de la diversidad y los derechos humanos así como el ejercicio de la ciudadanía por parte de todas y todos.

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